lunes, 5 de mayo de 2008

Las reglas del juego

 La jugadora de cartas


La jugadora recibió su montoncito de naipes. Los tomó en la mano y los fue examinando uno a uno cuidadosamente.

No había ahí ningún as ni tampoco ninguna otra carta de valor. Ni tan siquiera se podía conjugar una combinación de importancia alguna. Descartes puros. 

Absolutamente nada.

Realizó su apuesta.

Depositó únicamente una de las cartas sobre el tapete. Invitó a la suerte a cambiar su jugada y ésta le correspondió despectiva devolviéndole una nueva carta anodina.

Satisfecha, se deleitó en la observación del tesoro que tenía ahora entre las manos. De la magnífica combinación que había sido capaz de arrebatarle al azar.

Debía saborear aquel momento ya que sabía que no duraría mucho.

El mano realizó una apuesta.

Ella no fue.

Hubiera perdido seguro, aunque se sentía ganadora. Cualquier otro jugador jamás lo hubiera entendido, pero ella estaba jugando a otro juego.

Para ella las cartas importantes eran otras, las bazas se combinaban de otra forma. Y acababa de conseguir una mano maestra.

Si los demás jugadores atrapados por sus mezquinas reglas del juego hubieran conocido lo que pasaba por su mente la hubieran considerado un tanto loca, o tal vez un bicho raro.

No sabían lo que se estaban perdiendo.

                                                                                                            © Tale

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