martes, 4 de diciembre de 2007

100

 LA ASESINA DE PASION


 


Parecía que aquella tarde todo se conjugaba para salir bien. Había decidido sorprenderla. 

De forma imposible encontró un lugar para aparcar en el sitio preciso. 
Esperó dentro del vehículo. Le tocaba turno y por lo tanto saldría bastante tarde. 
Al fin la vio bajar las escaleras rodeada de un grupo de compañeros de trabajo.

Su cabello en cascada sobre su elegante traje chaqueta seducía desde la distancia. Su sonrisa. La belleza serena de sus treinta y pocos años combinados con la vitalidad de su juventud. Como si fuera incapaz de albergar defectos. Y desde luego para él lo era.

Se sabía envidiado y estaba orgulloso por ello. Seguía tan enamorado como el día en que la vio por primera vez.


– ¿Pero qué haces aquí?.

– No sé. Quería darte una sorpresa….


La cena en el pequeño restaurante fue perfecta. Como si un ejército de tramoyistas cuidara entre bambalinas para que nada fallase. Que los platos fueran magníficos. El servicio atento. El vino perfecto. La luz de las velas arrancando destellos de su mirada.


Cuando llegaron a casa él propuso que se quedaran a ver qué película ponían por la tele. Era una frase privada de sus primeros tiempos cuyo significado únicamente conocían ellos, y que nunca había tenido nada que ver con película alguna.

Mientras ella estaba arriba, él permaneció en el salón matando el tiempo. Se sirvió una copa. Puso música. Arrancó el ordenador para consultar los correos. Hacía mucho tiempo que había renunciado a entender qué hacía su mujer durante tanto tiempo en el baño. Simplemente lo aceptaba.

Finalmente ella bajó por la escalera. Llevaba puesto su pijama verde intenso con el enorme piolín estampado en el pecho. En los pies calzaba aquellas horrorosas zapatillas que imitaban dos pequeños osos panda.

Fue como pinchar un enorme globo. En cuestión de un milisegundo perdió todo el impulso, aterrizó y se descubrió de nuevo en el mundo real.

Cariño, me quedo todavía un rato en el ordenador que tengo que terminar un trabajo.

                                                                                                                                   © Tale


No hay comentarios:

Publicar un comentario