jueves, 6 de julio de 2006

EXPERIMENTO

 CERO ABSOLUTO
  
 
Floyd llevó a cabo las últimas comprobaciones. Dio instrucciones a su equipo de ayudantes. Después del largo camino hasta llegar hasta ahí, no podía permitirse el más mínimo fallo. Dentro de poco el gigantesco anillo acelerador del CERN lanzaría los átomos de plutonio en una carrera casi instantánea a lo largo de su pista de 27 km. acumulando más y más energía en cada vuelta hasta hacerles encontrarse con el otro haz de átomos enfocado con precisión para obtener la colisión más espectacular que el hombre hubiese soñado jamás.
 
Floyd era consciente de lo mucho que se jugaba. Su proyecto para llegar a sólo unas millonésimas de grado por encima del cero absoluto había tenido ecos en el mundo universitario norteamericano y un equipo del MIT estaba en esos momentos diseñando un experimento parecido al suyo en el acelerador nacional de Brookhaven. Aunque sabía que había posibilidades, no era el Nobel lo que le había llevado hasta ahí. Lo único que tenía sentido era lo cerca que estaba de alcanzar el Cero Absoluto.
 
Cero Absoluto. Cero grados kelvin. Su obsesión. Su norte. Su única guía. Desde aquel lejano día de estudiante en que se había perdido durante una excursión por la montaña. La soledad, la oscuridad, el frío, la nieve y el hielo fueron sus únicos compañeros esa noche. Al principio tristes, hostiles. Hasta que la obligada convivencia le hizo aprender que había algo más. Que era imperativo profundizar. De forma que cuando a la mañana siguiente el equipo de rescate dio con él, alucinado, incoherente, no dejaba de repetir su nuevo mantra: "Cero Absoluto".
 
Cero Absoluto. El estado donde la materia es sólo energía ligada. Materia en un estado impensable, inimaginable. Sólo al alcance de una ecuación. Materia para la que no transcurre el tiempo ya que el tiempo es movimiento. Espacio hecho materia. Floyd concibió durante aquella noche los rudimentos de su experimento. Una supercolisión a muy alta energía de elementos de muy alta densidad conseguiría crear islas, "burbujas" de energía cero donde él, Floyd, encontraría la frontera del cero absoluto.
 
Finalmente los átomos de plutonio, un elemento más pesado que todos cuantos existían en la naturaleza entraron en el acelerador y empezaron a correr su gran final. Vuelta a vuelta fueron ganando energía de acuerdo a las previsiones. Por último los poderosos imanes de la instalación les obligaron a cambiar de rumbo hasta que se encontraron con el haz que venía en sentido contrario.
 
En un primer instante la colisión deshizo la estructura de los átomos del plutonio como si se tratara de espuma dejando un enjambre de partículas atómicas hiperenergéticas. Estas a su vez, debido a la extraordinaria acumulación de energía perdieron su posibilidad de seguir siendo partículas, transmutándose en lo que hasta ese momento sólo había sido una posibilidad teórica.
 
La predicción de Floyd se cumplió a rajatabla. Con precisión matemática. La materia en forma de quarks libres se agrupó en grumos, dejando entre ellos burbujas de energía nula donde se rozaba el ansiado cero absoluto.
 
En ese momento, y por primera vez en miles de millones de años, el universo parió. Y parió un monstruo.
 
Debido a la enorme magnitud de la energía confinada y a la utilización de átomos superpesados de plutonio, que por su naturaleza artificial no existían en lugar alguno del universo, millones de esos paquetes de quarks se transmutaron hacia una nueva configuración estable. En el corazón del acelerador se empezaron a crear "strangelets" o paquetes de "materia extraña".
 
La configuración de la "materia extraña", enormemente más estable que su entorno iba atrayendo hacia sí misma todo lo que la rodeaba a una velocidad de aproximadamente la decima parte de la luz. Alimentada por la proximidad del pequeño planeta azul, engulló en sólo unos picosegundos el laboratorio y todo lo que le rodeaba. En menos de dos segundos, había transformado toda la tierra en una singularidad espacio-temporal. La onda de materia extraña reflejada íba poniendo fecha de caducidad a todo el cosmos cercano. Diez segundos para la luna, algo menos de dos horas para el sol, unas cinco horas para Júpiter y así sucesivamente. Sólo las más lejanas galaxias que habían emprendido hacía eones una veloz y sabia huida se librarían de ser alcanzadas.
 
La mayoría de los éxitos científicos son tesoros encontrados por casualidad por personas que buscaban otras cosas.
 
Desde este punto de vista el experimento del doctor Floyd fue una auténtico éxito. 
 
© Tale

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