- Buenos días, Sr. Creus, que agradable volver a verle por aquí. Le estaba esperando.
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Relatos cortos recuperados y próximamente nuevos relatos
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De la sociología y la mecánica cuántica
1) Al igual que la sociología, la mecánica cuántica describe los sistemas o sociedades como un todo en sí mismo. Como un Universo completo.
2) Respecto a los individuos de esos sistemas o universos (ya se trate de gente o partículas) sólo cabe hablar de probabilidades. Cualquier predicción determinista respecto a uno solo de ellos está abocada al fracaso. Pueden obtenerse en cambio predicciones estadísticas enormemente fiables sobre el comportamiento de grandes conjuntos de individuos o de partículos.
3) Los miembros de una sociedad o de un conjunto cuántico de partículas bajo observación son similares los unos a los otros, pero pueden ser diferentes de los miembros de otras sociedades o conjuntos.
4) Una partícula o un individuo asilados sometido a observación modifica su comportamiento por el único hecho de ser observado.
5) Los miembros de una sociedad o un conjunto de partículas no sólo parecen similares, sino que son idénticos en el sentido de que intercambiar a dos de ellos no modifica para nada el comportamiento del conjunto. En mecánica cuántica es clave la propiedad de simetría o antisimetría de las funciones de onda pertenecientes a bosones o fermiones, teniendo efecto en el comportamiento colectivo de dichas partículas. En sociología también se pueden encontrar esos dos tipos de comportamientos.
6) La evolución de las sociedades parece responder a algún tipo de intención. La mecánica cuántica se rige también por el principio del fin último.
7) Los miembros de ambas sociedades son “átomos” o “individuos” literalmente. Es por tanto imposible considerar que una persona esté compuesta por dos medias personas o un electrón por dos medios electrones. La disociación de la materia o de las sociedades sólo es posible hasta llegar a una cierta frontera.
8) Dos partículas pueden tener ligadas entre sí algunas de sus propiedades aunque estén a enormes distancias una de otra en lo que se conoce como "entanglement" o entrelazamiento cuántico. Asimismo se dan caso de dos individuos distantes que perciben las mismas sensaciones de forma sincronizada aún encontrándose a miles de kilómetros.
9) Lo dijo Niels Bohr «Cualquiera que no esté aturdido por la teoría cuántica es que no la ha entendido» y lo reafirmó Richard Feynman «Si crees que comprendes la teoría cuántica…, eso es que no has comprendido absolutamente nada de la teoría cuántica«. De igual forma, cualquiera que crea haber comprendido la teoría por la cual se mueve un grupo de individuos, es que realmente no ha comprendido nada.
© Kreus
La Convención
Después de un día entero de aviones, aeropuertos, esperas e incomodidades llegaron finalmente al hotel.
Les dieron menos tiempo del necesario para recuperarse del cambio horario. Había que reagrupar a los viajeros que habían realizado el mismo trayecto en diferentes vuelos ya que las normas de seguridad de aquella empresa eran estrictas.
Para prevenir riesgos mayores, los ejecutivos de alto nivel no podían viajar compartiendo los mismos aviones. Todo había sido previsto como si se tratara de miembros de las mismísimas familias reales.
Finalmente se encontraron todos en la recepción del hotel donde les estaban esperando los guías locales y el autocar.
Los anfitriones habían querido agasajar por todo lo alto a tan importante comitiva. Todo había sido dispuesto para que la cena inaugural fuera una ceremonia que nadie pudiera olvidar. Para ello iban a ofrecer nada menos que el mayor refinamiento de la gastronomía nacional. Algo muy difícil de encontrar y al alcance de muy pocos.
Después de escuchar las explicaciones dadas sobre lo excepcional del manjar que iban a degustar así como de su refinado proceso de preparación, empezaron a comer sus shashimi de Fugu. Al principio con prevención. Algunos, los más decididos aprovechando la ocasión para dar muestra de su arrojo. En una actitud típicamente gaijin, hubo quien haciéndose el gracioso interpretó un improvisado ataque de convulsiones desatando así las risas de su coro de idiotas aduladores.
Nadie se consiguió explicar como había sido posible.
El Fugu sólo podía ser preparado por un cocinero experto en posesión de un diploma especial conseguido tras varios años de estudio y práctica junto a maestros consagrados.
A pesar del cuidado extremo puesto en la elaboración, de acuerdo a técnicas secretas únicamente conocidas dentro del gremio, la potente tetradoxina no tardó en causar su silencioso y placentero efecto, transformando, mediante un hormigueo paralizante, el cuerpo de quien la había ingerido en una prisión silenciosa donde quedaba atrapada un alma impotente que sin embrago seguía siendo plenamente consciente.
La bienvenida ceremonial consiguió el mayor impacto mediático que nadie hubiera jamás imaginado.
Fue portada de los periódicos durante varios días.
Además provocó que aquella gran multinacional se viera obligada a revisara sus ya muy estrictas normas de seguridad.
Asimismo proporcionó importantes posibilidades de promoción entre los que no habían viajado.
© Kreus
Balada minimalista para los sentidos
La composición fue brillantemente interpretada por la cantante muda, acompañada por el pianista manco, siguiendo las directrices del director de orquesta ciego.
El público sordo aplaudió deleitado hasta la extenuación.
© Kreus
PUPPET FOR PRESIDENT!
(El sistema Parte I)
Desde muy joven, a John Horatius Puppet no le gustaba como era el mundo que veía. Con la fuerza de su ingenuidad infantil siempre pensó que él iba a ser capaz de hacer cambiar el orden establecido.
Dotado de una inteligencia excepcional, Puppet se dio cuenta rápidamente de que el sistema sobre el que funcionaba su país tenía una extraordinaria fortaleza, una enorme capacidad para autoperpetuarse, de que sería totalmente imposible alterar nada desde el exterior. A pesar de los numerosos intentos en ese sentido, nunca nadie lo había conseguido. Las defensas eran demasiado poderosas. La coraza demasiado gruesa. La historia así se lo demostraba.
Así es que Puppet concibió un ambicioso plan. Un plan de muy largo alcance que le iba a permitir a él, John H. Puppet infiltrarse hasta el corazón mismo de los resortes del poder, hacerse con las riendas, para una vez desde ahí asestar el golpe definitivo. Mover las palancas necesarias para reestructurar el mundo de acuerdo a su visión. Se trataba de una obra que le llevaría sin duda toda su vida. Un edificio que habría que levantar con paciencia infinita, ladrillo a ladrillo, con cautela, sin jamás levantar la más mínima sospecha.
Es sorprendente la determinación que una idea puede proporcionarle a un hombre. Ya de joven se afilió en la delegación local del partido, realizando pequeñas colaboraciones. Poco a poco fue ganando confianza, creando una red de contactos que le ayudarían de forma inconsciente en la realización de su plan.
Se presentó como candidato en las elecciones municipales. De ahí siguió teniendo diversas responsabilidades en el condado. Años después fue ayudante del gobernador. Llegó a ocupar durante bastantes años el sillón de gobernador del estado.
Y finalmente, haciendo cierto aquel dicho de que en su país cualquiera podía llegar a ser presidente, inició su carrera como candidato a las presidenciales. Para él fue inesperadamente simple. Arrasó en las primarias para ganar finalmente al candidato del otro gran partido por un holgado margen.
La primera parte de su plan se había cumplido. Acababa de ser elegido el presidente del país más poderoso del mundo. De único imperio auténtico que existía en la tierra.
Dentro de unos minutos iba a dirigirse por primera vez al país como presidente. Dentro de unos minutos iba a comenzar a utilizar sus plenipotenciarios poderes para cambiarlo todo. El sistema iba a ser desmontado desde su propia base. ¡Qué poco se imaginaban las palabras que iban a oír!
A unas decenas de metros de él, su nueva sombra, el coronel Gaylor portaba el maletín que le conectaba con el NORAD, el centro de la defensa aeroespacial. El cerebro de la organización militar. Ese maletín lleno de artefactos electrónicos donde introduciendo unas claves que sólo él conocía podía desatar en cuestión de minutos un infierno en cualquier lado del planeta.
Se acercó al micrófono. Mientras se aclaraba la voz, observó por el rabillo del ojo como Gaylor manipulaba algunos de los controles del maletín. Una comprobación rutinaria sin duda alguna.
Sin embargo, en ese preciso instante sintió algo que jamás antes había experimentado. Una presencia en su interior estaba anulando su voluntad, impulsando a su garganta a articular unas palabras que jamás entró en su plan pronunciar:
Ciudadanos de los Estados Unidos, Dios Bendiga a América!
Su mirada incrédula buscó algún apoyo entre sus acompañantes hasta que enfocó la cara sonriente, satisfecha del coronel Gaylor.
© Tale
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EL TRIUNFO DE LA PALABRA
Pero al mismo tiempo todo el mundo ignoraba esta verdad. Cantantes, escritores, poetas, amantes, absolutamente todo el mundo expresaba sus sentimientos utilizando palabras. Las letras estaban ejerciendo un dominio injusto, una auténtica tiranía.
Era preciso hacer algo que devolviese a los números al lugar de privilegio que en justicia les correspondía.
De esta forma los números se reunieron y decidieron organizarse para terminar con el dominio de las palabras. Siendo como era que sólo había unas decenas de miles de palabras y que ellos eran al menos miles de millones, debería ser una empresa fácil.
Organizaron un ejército poderoso. Filas de punzantes unos de punta afilada. Sinuosos doses y treses. Nueves capaces de enfrentarse de igual a igual con las poderosas P mayúsculas. Imponentes ochos capaces de atemorizar manifestando su poder infinito con sólo adoptar la posición horizontal.
Llegado el día de la batalla, las palabras, auxiliadas en sus tareas administrativas únicamente por los torpes números romanos, decidieron desprenderse de algunas de sus letras para con ellas formar ecuaciones y fórmulas.
Los números, sorprendidos, no tuvieron más remedio que obedecer a las ecuaciones, como siempre habían hecho.
La letra x desapareció de la mayoría de las palabras y desde entonces forma parte de casi todas las ecuaciones con el alias de incógnita. Fue la gran heroína de esa gloriosa jornada. Las palabras, agradecidas, decidieron rendirle homenaje conservándola en la palabra éxito.
Fue el triunfo definitivo de la palabra.
EL ORDEN DE LAS COSAS
Su única opción estaba en dividir a sus enemigas sembrando la duda y alimentando sus envidias, conseguir crear la división en las filas de las letras para retomar el lugar de privilegio que creían merecer. Ser ellos los que estuvieran en boca de cantantes, de escritores, de poetas y hasta de amantes.
De esta forma y aprovechando el continuo contacto que mantenían en las ecuaciones y fórmulas con las letras X, Y y Z comenzaron una labor de adoctrinamiento con la vista puesta en el largo plazo.
- ¿Cómo permitís que esas orgullosas letras del OPNDario os tengan siempre a su servicio como si fuerais esclavas?
- Os tienen siempre haciendo el trabajo sucio. Vigilándonos en esas angustiosas ecuaciones y sin dejaros casi aparecer por las palabras. Han hecho de vosotras unas letras más de matemáticas que de literatura.
- Fijaos cómo se aprovechan de vuestra situación para hacerse dueñas de palabras tan importantes como Opinión. Además han establecido el orden del OPNDario como les ha dado la gana, ellas siempre las primeras.
- En nuestro mundo de números eso es diferente. Aquí jamás has de vigilar tu espalda. Sabes que los números que tienes al lado nunca te despreciarán.
Les convencieron de que la gente sabía recitarlos en orden creciente, pero también decreciente. O sólo los pares, o los impares. O hasta hay quien sabía recitar únicamente los números primos.
- A nosotros no nos importa eso del orden. Entre los números no existen los más y menos importantes. Todos somos igualmente útiles. Nos apoyamos mutuamente.
- Cuando alguno no llega, nos sumamos y si hace falta hasta nos multiplicamos. Cada uno tiene su lugar y su sitio. Ojalá algún día todas las letras podáis ser libres y capaces de abolir esos injustos privilegios.
Fríos calculadores como eran, fueron sembrando lentamente las dudas revolucionarias en la mente inquieta de aquellas tres pobres letras.
- ¿Y tú, X?. ¿No te das cuenta de que existe un plan para que pierdas tu identidad?
- ¿Has pensado qué eres realmente, X?
- Antiguamente, con los romanos, sabías que valías diez, pero ahora tanto puedes valer uno que cien que cien millones. Eso es lo que han hecho de ti. Una X. Una incógnita. Algo prácticamente sin identidad. Piénsalo. Se trata de malas artes de esas orgullosas que tienen miedo de vuestro potencial y capacidad.
- Os mantienen alejadas de los lugares importantes mientras ellas se dedican a medrar de palabra en palabra. De frase en frase. De libro en libro.
Finalmente llegó un día en que la situación explotó. En una acción combinada con algunos de los números, X, Y y Z se lanzaron al asalto del OPNdario. Multitud de ceros y nueves se confundieron rápidamente con las O y las P. Al mismo tiempo, X, Y y Z trataron de ocupar las primeras posiciones de la clasificación de las letras.
Sin embargo, la arribista D, cuyos antiguos contactos con el número quinientos le habían proporcionado información sobre lo que se estaba tramando en el mundo de los números buscó aliados. Y los encontró en A, B y C con las que convino un rápido golpe de mano.
Cuando O, P y N quisieron darse cuenta, esas otras letras habían instaurado su propio dictado. Llegaron a un acuerdo con los números para repartirse el conocimiento entre ciencias y letras, pero con el pacto implícito de que las fronteras nunca iban a estar claras. En prueba de reconocimiento, los números dieron entrada a esas letras en el mundo del álgebra, donde rápidamente encontraron una situación cómoda como coeficientes.
En lo que respecta al propio mundo de las letras, ellas permanecerían para siempre como las primeras de la nueva lista, el ABCdario. Permitieron a D conservar su posición como agradecimiento por su labor de información. Condenaron a O, P y N a permanecer en posiciones intermedias. Sin destacar ni en uno ni en otro sentido. Y finalmente X, Y y Z volvieron a ocupar su lugar como vigilantes de los números.
Aunque nos siga siendo fácil hacer una cuenta en orden decreciente y prácticamente imposible deletrear el abecedario en orden inverso, desde aquel momento a nadie se le ocurrió cuestionar el orden de las cosas.
© Tale
Inspirado en "Las Letras y los Números" (Relatos Absurdos) de Fernando Trías de Bes. Edic. Urano
(Publicado previamente como dos cuentos en Julio de 2006 y Febrero de 2008)
G.P.S.
El avión paró los motores al aparcar en la terminal. En ese momento el piloto pulsó el interruptor que apagaba la luz de cinturones abrochados. Siempre que pulsaba ese botón tenía la impresión de que al mismo tiempo activaba un barullo en la cabina de pasajeros. Gente intentándose levantar a la vez, obstaculizándose los unos a los otros a la hora de coger sus enseres, lanzados a los teléfonos móviles aquellos que no los habían encendido clandestinamente mientras el aparato rodaba por la pista hacia la terminal.
Como era habitual a última hora del día, el vuelo acumulaba retraso. Poco más de una hora. Nada extraordinario para alguien habituado a ese tipo de vida. Únicamente tenía ganas de terminar cuanto antes. Recoger el coche de alquiler, dirigirse al hotel, llegar a la habitación, cenar algo ligero y si tenía ganas preparar la jornada de trabajo de mañana.
Se insertó entre la fila desordenada del pasillo del avión hasta que consiguió alcanzar la salida. Buenas Noches, gracias por volar con nosotros. Recorrió los inmensos pasillos, rampas y corredores mecánicos algo desolados a aquellas horas hasta que finalmente llegó al mostrador de la empresa de alquiler de coches.
El empleado, un joven despierto con el pelo corto y ojos claros, realizó las verificaciones oportunas y el papeleo con eficiencia alcanzándole un pequeño sobre que contenía las llaves del coche junto a su copia de los contratos.
Abrió un armario a su espalda de donde entre varias bolsas aparentemente iguales, extrajo una que tenía pegada una pequeña etiqueta adhesiva roja. Quitó la etiqueta y extrajo el navegador GPS de la bolsa. Lo puso en marcha y en un par de minutos le dio unas instrucciones básicas sobre el funcionamiento del aparato.– Durante esta semana estamos promocionando de forma gratuita un navegador GPS para todos nuestros clientes. Si espera unos segundos le entregaré el suyo y le explico el funcionamiento.
– Muchas gracias. Es usted muy amable.
– Estamos aquí para servirle. Buenas noches y buen viaje.
Por alguna razón esta vez le habían cambiado el hotel donde se solía hospedar habitualmente. Seguramente estaría lleno. Sabía más o menos a dónde debía dirigirse por haber estado alguna vez pero no se acordaba muy bien, por lo que aquel aparato iba a ser una excelente ayuda.
Al llegar al coche depositó la maleta, comprobó que todo estuviera en orden, puso en marcha el navegador y programó la dirección de su destino. Tampoco estaba muy lejos. Una treintena de kilómetros a lo sumo. Si no había tráfico y sin perderse, en una media hora podía estar en la habitación.
Una agradable voz femenina comenzó a darle instrucciones de forma desapasionada.
– Al llegar a la rotonda salga por la segunda salida.
Él seguía las indicaciones que le iba dando la máquina sin tener que preocuparse por la orientación o elucubrar sobre cuál sería el mejor camino tal y como le pasaba otras veces.
– Siga por el carril derecho. En quinientos metros tome la salida a la derecha.
Abandonó la autopista. Recordaba haberlo hecho otras veces por aquel mismo lugar y se internó por las afueras de un barrio residencial. Continuó siguiendo ciegamente las indicaciones de la máquina que parecía tener un conocimiento sobrenatural respecto a en qué bocacalle convenía girar y en cuál había que proseguir.
Se internó por un polígono industrial adyacente. No recordaba haber pasado nunca por allí. Seguramente el navegador estaba atajando por un terreno desconocido y poco transitado. Se sentía satisfecho de que seguramente iba a ahorrar un poco de tiempo.
A aquellas horas de la noche esa zona industrial estaba completamente solitaria y lo único que alcanzaba a ver eran las sombras alargadas de farolas y carteles en medio de la luz anaranjada. Por precaución pulsó el botón que cerraba las puertas del vehículo. Las cuatro puertas respondieron al unísono con un sonoro clack.
– Al llegar a la rotonda salga por la primera salida. Luego siga recto.
Prosiguió el camino anunciado por la fría voz femenina mientras una sombra de duda respecto a la capacidad del aparato crecía en su interior.
En aquel momento tuvo que detener el vehículo. Aquella vía terminaba ahí. A pesar de las indicaciones del aparato estaba en un callejón sin salida.
– Siga recto durante doscientos metros y luego gire a la izquierda.
El estruendo le tomó completamente por sorpresa cuando iniciaba la maniobra para dar la vuelta al vehículo y salir de allí. El golpe que el más bajo de ellos asestó con su bate de béisbol dejó el cristal delantero hecho añicos.
– Estamos aquí para servirle. Buenas noches y buen viaje.
Indiferente a todo ello una agradable voz femenina dijo de forma desapasionada:
– Siga recto durante doscientos metros y luego gire a la izquierda.
© Tale