LA ASESINA DE PASION
Su cabello en cascada sobre su elegante traje chaqueta seducía desde la distancia. Su sonrisa. La belleza serena de sus treinta y pocos años combinados con la vitalidad de su juventud. Como si fuera incapaz de albergar defectos. Y desde luego para él lo era.
Se sabía envidiado y estaba orgulloso por ello. Seguía tan enamorado como el día en que la vio por primera vez.
– ¿Pero qué haces aquí?.
– No sé. Quería darte una sorpresa….
La cena en el pequeño restaurante fue perfecta. Como si un ejército de tramoyistas cuidara entre bambalinas para que nada fallase. Que los platos fueran magníficos. El servicio atento. El vino perfecto. La luz de las velas arrancando destellos de su mirada.
Finalmente ella bajó por la escalera. Llevaba puesto su pijama verde intenso con el enorme piolín estampado en el pecho. En los pies calzaba aquellas horrorosas zapatillas que imitaban dos pequeños osos panda.
Fue como pinchar un enorme globo. En cuestión de un milisegundo perdió todo el impulso, aterrizó y se descubrió de nuevo en el mundo real.
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