martes, 13 de junio de 2006

JUICIO FINAL


JUICIO FINAL




San Pedro, secretario de la audiencia, dirige una mirada al Sumo Hacedor que está acabando de ajustarse la toga y le pregunta:  ¿Empezamos, jefe?.

Dios, mediante una señal de su mano derecha le indica que puede proceder.

La poderosa voz de San Pedro retumba en la sala de la audiencia: ‘La Creación y todo Universo Infinito contra Gates, Bill, autor del sistema Windows’.

Dios, en su papel de juez hace balance:

Bueno Bill, por una parte te propusiste poner un ordenador en la mesa de cada persona del mundo y casi lo consigues. Has facilitado que la gente se comunique. Has creado el messenger y los msn spaces y un montón de inventos más. Así que hay que reconocer que has hecho cosas enormemente útiles para la humanidad.

Pero por otra parte, tengo severas acusaciones contra ti, Bill. A costa de esto te has enriquecido muchísimo más de lo que ninguno de mis otros hijos llegó jamás a soñar. Tu Windows es un misterio. De vez en cuando hace aparecer una enigmática pantalla azul llena de símbolos cabalísticos, y te hace perder todo tu trabajo. Cuando tienes prisa por usar el sistema hay que esperar que acaben esas interminables actualizaciones. No paras de hacernos pagar y pagar por tener unos programas llenos de errores. Has conseguido que todos los ordenadores del mundo tarden un tiempo desesperante en ponerse en marcha. Y lo peor de todo, Bill, has hecho que se me caiga varias veces el cigarrillo en el teclado por tener que pulsar esas absurdas y odiosas alt-ctrl-del!

La voz de Dios sonó aún más fuerte:

El caso está claro Bill. Te condeno al purgatorio donde rescribirás todos los Windows y los programas que hiciste en vida hasta que queden absolutamente perfectos. Cuando hayas acabado, distribuirás el resultado entre todos los usuarios como una actualización gratuita. Te aseguro que esto va para largo.

De acuerdo a nuestro procedimiento penal, antes de cerrar el caso debo formular la siguiente pregunta:

¿Tiene el acusado algo que alegar en su favor?

Bueno señoría, con el debido respeto,  -contestó Gates- cuando usted instaló Windows, seguramente pulsó ‘Si, Acepto’ como respuesta a la pregunta de las condiciones del contrato. ¿Se fijó exactamente en lo que estaba aceptando?

Si, bien, recuerdo que lo hice. No me lo acabé de mirar. Es sabido que esos contratos no se los lee ni Dios.

El rostro de Gates se iluminó:

Bien,…., en fin…..de acuerdo…..Señoría., propongo que mis abogados se pongan en contacto con los suyos para ver como podemos arreglar esto. Seguro que encontraremos una solución satisfactoria para todos.

 Un mes después, la poderosa voz del Dios retumba en la sala de audiencias anunciando:  “La Creación y todo Universo Infinito contra Torvald, Linus, autor del sistema Linux.”

El presidente del tribunal, Gates se sienta acabando de ajustarse su toga, al tiempo que exclama:

Hombre!, Torvald, ya tenía yo ganas de verte por aquí….

© Tale

Hace años un empresario americano decidió hacer un experimento colgando un programita para descargar en internet. Entre las condiciones del famoso ‘Si, Acepto’ había un párrafo donde se aseguraba que el primero que se comunicase con el autor del programa, recibiría directamente una gratificación de cinco mil dólares. Pues bien, hubo más de 50.000 descargas del programa antes de que la primera persona llamara para reclamar sus dólares.

No sé si esta historia es vera o ben trobata, pero de lo que estoy seguro es de que si yo me descargué este programa debí estar entre los 50.000 primeros del pelotón de los torpes.